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Khuanyllo – La Banda del Capitán Nemo

Mi banda esta basada en el relato de Julio Verne La isla Misteriosa, muchos lo habréis leido, otros habréis visto la peli, los que no lo hayáis hecho y queráis hacerlo ATENCION QUE VIENEN SPOILERS.
Resumen rápido, durante la guerra civil norteamericana Ciro Smith, su perro Top, su sirviente y antiguo esclavo Nab, el periodista Gedeon Spillet, Harbert un adolescente y Pencroft un marinero están recluidos en un campo de concentración sudista, aprovechando un despiste de sus guardias consiguen robar un globo aerostático y se fugan, con tan mala suerte de que se ven atrapados en medio de una tormenta huracanada que arroja su globo a una isla desierta.
Nuestros náufragos poco a poco se instalan en la isla y gracias a una “presencia desconocida” que les va dotando de vituallas, herramientas, medicinas, libros, productos quimicos, armas y un largo etc…. y al conocimiento desmedido de Ciro Smith su líder consiguen poco a poco ir mejorando enormemente su calidad de vida.
En la parte final del libro se desvela que esta presencia misteriosa no es otra que el Capitán Nemo, que se encuentra en la fase final de su vida, atascado con su Nautilus en una laguna situada en una gran cueva en las cercanías de un volcán que amenaza con entrar en erupción y llevarse a la isla por delante junto con el nautilus y nuestros personajes….. a mi sinceramente este final no me acaba de convencer es muy dramático y triste y para nada Steampunk, y como esta es mi banda soy un macarra y hago con ella lo que me da la gana pues voy a cambiar el final de la historia.
——
La presión esta a punto de poder con Ciro Smith, se encuentra atascado en el Nautilus junto a un Nemo moribundo en una isla que esta apunto de estallar. Nemo sabe lo que hay que hacer para sobrevivir pero apenas tiene fuerzas para contarlo:
 – eeeel talaaadro – suspira – el taladro, usa el taladro. En el puente de mando
Ciro Smith no entiende nada pero decide salir corriendo hacia el puente de mando, allí en la parte superior del timón de control ve un cartel rojo con un cristal que proteje un botón:
 Taladro experimental romper en caso de emergencia
Sin dudarlo un instante decide romper el cristal y apretar con fuerza el botón, acto seguido una serie de mecanismos se ponen en marcha convirtiendo la parte delantera del nautilus en un taladro gigantesco. Ciro Smith piensa esta es la mía, con su servo brazo de vapor empieza a girar la manivela de potencia exigiendo el máximo rendimiento a los motores mientras dirige el timón contra la pared de la cueva. Tras 20 ruidosos minutos el nautilus consigue atravesar la pared que le mantenía cautivo y salir al mar, dirigiéndose a la bahía washington donde a toda prisa recoge al resto de sus compañeros náufragos. Sin perder un minuto salen disparados hacia alta mar mientras el volcán explota y la isla misteriosa sale volando por los aires en un final digno de una película de Michael Bay.
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Tras un rato de navegación sumergidos, ya alejados de la isla, nuestros héroes más relajados se dirigen a la habitación donde han dejado abandonado y moribundo a Nemo y se lo encuentran enchufado a una máquina llena de tubos. Nemo se dirije a ellos:
Hasta hace dos días quería morir, estaba cansado de este mundo y pensaba abandonarlo junto a mi querido submarino en una explosión sin igual pero vosotros queridos amigos me habéis devuelto las ganas de vivir.
Os preguntaréis qué diablos es esta máquina a la que estoy conectado, esto es un revitalizer Serum-Match III con tecnología L’Oreal. Lo que hace es extraer la sangre mi sangre, mezclarla en un depósito con celulas madre de Kraken y volvermela a inyectar. Con esto se consigue una regeneración completa de los tejidos y un rejuvenecimiento parcial. Digamos que es lo más cercano que esta la humanidad de una tecnología de la vida eterna.
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A partir de este momento nuestros náufragos reconocieron a Nemo como su líder supremo y decidieron pasar el resto de sus vidas robando a los ricos para dar a sí mismos y algo a los pobres y viviendo grandes aventuras sin fin.

Como soy un vaguete redomado y Julio Verne ha demostrado claramente tener más dotes literarias de la que yo jamás haya llegado a poder soñar, he decidido en la medida de lo posible incluir para describir a mis personajes estractos de sus novelas. Aquí os presento al primero que he terminado de pintar del todo:

Nabucodonosor, Nab para los amigos

qwhrpfkAcompañaba a Ciro Smith un criado, que era la fidelidad y la abnegación personificadas: un negro, nacido en las posesiones del ingeniero, de padres esclavos, pero que, desde hacía tiempo, Ciro Smith, abolicionista de ideas y de corazón, había emancipado. El esclavo, una vez libre, no quiso separarse de su amo. Le quería tanto, que hubiera dado la vida por él. Era un mozo de treinta años, ágil, hábil, inteligente, dulce y tranquilo, a veces sencillo, siempre sonriente, servicial y bueno.
Se llamaba Nabucodonosor, pero respondía al nombre abreviado y familiar de Nab. Al enterarse Nab de que su dueño había sido hecho prisionero, abandonó Massachusetts sin vacilar, llegó a Richmond y, a fuerza de astucia y destreza, después de arriesgar veinte veces su vida, penetró en la ciudad sitiada. No es posible describir la alegría de Ciro Smith al ver de nuevo a su criado y Nab al encontrar a su amo.

Cyro Smith

enr9bcuCiro Smith, natural de Massachusetts, era ingeniero, un sabio de primer orden, al que el gobierno de la Unión había confiado durante la guerra la dirección de los ferrocarriles por el papel estratégico de los mismos. Americano del norte, seco, huesudo, esbelto, de unos cuarenta y cinco años, pelo corto y canoso, barba afeitada, con abundante bigote.

Tenía una cabeza numismática, que parecía hecha para ser acuñada en medallas: los ojos ardientes, la boca seria, la fisonomía de un sabio de la escuela militar. Era uno de esos ingenieros que empiezan manejando el martillo y el pico, como esos generales que partieron de soldados rasos.

Al mismo tiempo que agudeza de espíritu, poseía habilidad de manos. Sus músculos presentaban notables síntomas de tenacidad. Verdadero hombre de acción, al mismo tiempo que hombre de pensamiento, lo ejecutaba todo sin esfuerzo, bajo la influencia de una larga expansión vital, desafiando todo obstáculo. Muy instruido, muy práctico, muy campechano, para emplear una palabra de la lengua militar francesa.

Tenía buen carácter, pues, conservándose siempre dueño de sí, en cualquier circunstancia, reunía las condiciones que determinan la energía humana: actividad de espíritu y de cuerpo, impetuosidad de deseo, fuerza de voluntad. Y su divisa hubiera podido ser la de Guillermo de Orange en el siglo XVII: “No tengo necesidad de esperar para acometer una empresa, ni de lograr el objeto para perseverar.” Al mismo tiempo Ciro Smith era el valor personificado. Había tomado parte en todas las batallas durante la guerra de Secesión. Tras haber empezado a las órdenes de Ulises Grant con los voluntarios del Illinois, había combatido en Paducah, en Belmont, en Pittsburg-Landig, en el sitio de Corinto, en Port-Gibson, en la Rivera Negra, en Chattanooga, Wildemes, sobre el Potomak, en todas partes y valerosamente. Fue un soldado digno del general que respondía: “¡Yo no cuento jamás mis muertos!” Y cien veces Ciro Smith había estado a punto de ser uno de aquellos que no contaba el terrible Grant. Sin embargo, en esos combates, donde se exponía tanto, la suerte le favoreció siempre, hasta que fue herido y hecho prisionero en el campo de batalla de Richmond.
 

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